El carácter alegre de los andaluces se combina con su devenir histórico, engendrando numerosas fiestas, que entremezclan raíces paganas y religiosas. Son muy populares las ferias del ganado y las romerías en los meses de primavera, cuando el campo se inunda de colores y el sol acompaña, sin que extrañe, en caso de chaparrón caprichoso, que los romeros se cobijen junto a los árboles a esperar que pase, para continuar la fiesta. Con motivo de las festividades de San Antón y San Isidro muchos municipios salen a pasar el día en el campo. Una de las romerías más concurridas es la que se celebra en honor de la Virgen de la Cabeza, en Ándujar y la de Santa Ana en Torredelcampo (primer fin de semana de mayo). En mayo se engalanan con Cruces y flores las calles y plazas de esta localidad y de muchas otras, como Mengíbar, Porcuna o la misma Granada. Rememorando los tiempos de la Reconquista, algunos municipios granadinos levantan astas y pendones en sus fiestas de Moros y Cristianos, como Iznalloz, donde a finales de agosto o principios de septiembre, con motivo de las fiestas patronales, se escenifica una batalla en la que castellanos y musulmanes se batieron para recuperar los cristianos la imagen raptada de la Virgen. Otros acontecimientos históricos, como la fundación de La Carolina o la vistoria en la batalla de Bailén, también se conmemoran con fiestas, corridas de toros y desfiles.
Las citas culturales están representadas por el festival de música y danza "Ciudad de Úbeda" y la "Pipirrana Flamenca" de Porcuna, y en otro sentido, combinando tradición, arte y religiosidad, por la Semana Santa, repleta de celebraciones y desfiles procesionales en todas las localidades de la Ruta.

 

Los olivares, camisa de milrayas de la Ruta Nazarí, hacen que la aceituna sea la gran fuente de riqueza de estos pueblos andaluces. Su recogida, en otoño e invierno, puebla los campos de jornaleros, "aceituneros altivos" en los versos de Miguel Hernández. El manjar tradicional de los más humildes, la aceituna, aliñada con orégano y otras hierbas, machacada o rellena de pimientos o anchoas, es el aperitivo que nunca falta en una mesa de Jaén. Pero si esta provincia tiene fama internacional es por su exquisito aceite de oliva virgen, protagonista indiscutible de la dieta mediterránea. En la cocina, en las mejores conservas o en crudo para aliños, su preciado sabor se encuentra en los mejores restaurantes de todo el mundo.

El paisaje se caracteriza por la diversidad. De Sierra Morena a la cordillera Penibética, con las mayores alturas de la Península en Sierra Nevada, se encuentra la vega del Guadalquivir y sus innumerables brazos. Parajes rocosos de gran riqueza mineral, como los yacimientos de plomo de Linares y La Carolina -los más importantes de España-, se alternan con fértiles valles, dehesas, olivares y tierras de cultivo de cereal. Destacan algunos espacios naturales como la Sierra de Andújar, Despeñaperros o Sierra Mágina, hábitat de las especies de flora y fauna propias del bosque mediterráneo.

Jabalíes, linces, venados, son algunos d elos pobladores de estos lugares, que se pierden entre encinares, quejigos y matorrales de romero, cantueso y jaras. Más arriba, en las cumbres de las sierras, aún existen cabras ibéricas, y rapaces, como el águila real o el buitre, que anidan entre los picos. En las cercanías de Granada se localizan hermosos rincones en cuevas con formaciones calcáreas, donde se perfilan extraordinarias figuras que se revisten de mayor encanto con el efecto de la luz. Los manantiales y fuentes de la zona gozan de propiedades minerales que han dotado de gran prestigio a sus aguas.

Las hostilidades entre cristianos y musulmanes en el reino de al-Andalus condicionaron la organización de las ciudades y villas al cobijo de fortalezas amuralladas, junto a ríos o sobre colinas.

Constaban de uno o varios recintos de murallas, a cierta distancia del castillo, con varias torretas o atalayas. Los gruesos muros de mampostería, estaban coronados por almenas, desde las que se arrojaba todo tipo de proyectiles y se lanzaba aceite o pez hirviendo al enemigo. La torre del homenaje, en uno de los costados de la alcazaba, era el recinto principal. Además de servir de plazas de vigilancia y defensa, los castillos sirvieron de almacén de alimentos y de prisión, como cuentan numerosos romances y leyendas. Hoy aún perviven muchas de estas fortificaciones, como las de Úbeda, Jimena, Píñar, o Baños de la Encina, por citar sólo algunas. Como curiosidades, la Torre del Homenaje de Porcuna, donde estuvo prisionero Boabdil tras la batalla de Lucena, y el castillo de Jódar, el más antiguo de la Península.

 

La culminación del arte hispanomusulmán en su etapa nazarí está caracterizada por su exquisito barroquismo. Columnas, arcos ojivales y lobulados, inscripciones de elegante caligrafía, bóvedas de mocárabe, armaduras, celosías y azulejos son elementos típicos de su abundante ornamentación. El ejemplo más emblemático lo encontramos en el conjunto de la Alhambra de Granada.

Situado en una colina de tierra rojiza, se le llamó originalmente "al-Hamra", "el castillo rojo". Sus orígenees se remontan a la alcazaba que mandó construir Alhamar, también llamado Muhammad I, fundador de la dinastía nazarí.

El conjunto de los Palacios Nazaríes fue construido en parte en época de Yusuf I -el salón del trono y el patio de los Arrayanes- y se completó durante el reinado de Muhammad V con las dependencias privadas de la corte. Está considerado como el recinto palatino musulmán mejor conservado de toda la Edad Media.

Destacan sus baños, el patio de los Leones y las Salas de los Abencerrajes, la de Dos Hermanas y la de los Reyes. Los patios y jardines del Partal y el del Generalife resumen la esencia del jardín musulmán, con una belleza incomparable, en el marco espectacular de las cumbres blancas de Sierra Nevada.

 

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